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¿Cómo volverte más resiliente?

La resiliencia nos da el poder de volver a resurgir con fuerza después de cada caída, de usar cada momento duro para ganar fuerza y felicidad

Es un hecho, en la vida todos nos llevamos golpes, con mayor o menor frecuencia y con mayor o menor dureza. Pero nadie se libra de llevarse algún tortazo vital de vez en cuando. Hay veces, incluso, que ese golpe nos hace tambalearnos, sentirnos perdidos, sin centro o, directamente, muy tristes.

A lo largo de nuestra vida vamos aprendiendo sobre cómo evitar estos golpes. Aprendemos incluso, si es que tenemos la humildad para aprender, a gestionar mejor nuestras emociones cuando no podemos evitar estos golpes. Vamos creciendo. Pero todas nuestras estrategias y artes a veces, simplemente, no son suficientes.

Es entonces, ahí abajo, tras caernos, cuando nos topamos de frente con nuestra sombra. Esas partes de nosotros que surgen justo cuando menos queremos verlas. Hablo de la desesperanza, que nos dice que nada tiene sentido y que jamás vamos a conseguir vivir como queremos. Hablo de la desconfianza, hacia nosotros o hacia el mundo. Hablo de la culpa, que nos hace dudar de nuestra valía. Hablo de enfado, inseguridad, miedo…

Aquí, en medio de la más cruenta tempestad, es donde surge la resiliencia. Como un faro en la lejanía que nos permite ver dónde está la costa más allá de las enormes olas que nos atizan y nos hacen perder el equilibrio. La resiliencia son las ganas de seguir luchando aún cuando estamos llenos de magulladuras. De levantarnos incluso aunque nuestro ego y nuestros sentimientos nos digan que eso no tiene sentido.

La resiliencia es lo que nos permite superar con más rapidez y optimismo las peores crisis. Es algo que todos los seres humanos llevamos dentro, un potencial que podemos usar e ir entrenando en nuestra vida. Y afortunadamente hay muchas maneras de conectar con ella:

  • Relativizar: Más allá de las dudas que nos surgen en momentos de crisis, la parte más sabia de nosotros sabe más allá de toda duda, por experiencia propia, que nada es permanente. Que la vida está llena de picos y de valles y que esto pasará.
  • Confiar en uno mismo: Recuerda todos los retos y momentos difíciles que ya has superado. Te has demostrado a ti mism@ que eres capaz de cosas increíbles. Sabiendo esto, igual es más fácil dejar de creer a todos esos pensamientos que te hacen dudar sobre tí.
  • Compasión: Cuando lo pasamos mal, no es el momento de empezar a juzgarnos y a autoflagelarnos con lamentos. Es el momento de amarnos, de cuidarnos, de tratarnos bien. Decirnos cosas bonitas. Dejar de exigirnos tanto. Permitirnos ir recuperando las fuerzas poco a poco.
  • No estás sol@: Nunca. Por dentro es posible que sientas vergüenza a acercarte a la gente que te quiere y dejarles que te vean en tu peor momento. Esa vergüenza es una emoción tóxica que no te ayuda. La gente que te ama de verdad va a disfrutar cuidándote. En otra ocasión serás tú quien les asista, pero ahora déjate amar.
  • Fuerza: Hay muchas creencias empoderadoras que te permiten sacar fuerzas de donde no las hay. Es el momento de recoger los frutos de tu trabajo personal, de escuchar desde dentro ese “creo en tí” que te has repetido en pensamiento o en acción mil veces cuando la vida no se sentía tan dura.

La resiliencia la puedes practicar cada día. Cada momento en el que dudas sobre tí mismo es una oportunidad para entrenarte, volverte más fuerte. Y, como el ave fenix, resurgir volando hacia arriba lleno de fuego y ganas de vivir.

¿Te interesa hacer coaching conmigo para crecer y aprender más sobre tí mism@? Descubre aquí lo que podemos hacer juntos.